Ciudad Real 2014: La Feria de los Mil Triunfos y el Rugido de Fandiño

La Feria Taurina de Ciudad Real 2014 fue un torbellino de emociones, un ciclo inolvidable donde las figuras brillaron y el nombre de Iván Fandiño volvió a escribir una página de oro.

Crónica de una Feria Monstruo: Ciudad Real, verano de 2014

A veces, hay Ferias que parecen escritas para quedarse en la memoria. Aquella de 2014 en Ciudad Real fue una de ellas: intensa, luminosa y generosa en triunfos. Desde la presentación de los carteles —una auténtica fiesta que reunió a más de 4.000 personas— hasta la última vuelta al ruedo, la ciudad vivió cuatro días de pasión taurina como hacía tiempo no se recordaba.

La empresa Maxitoro había preparado un ciclo redondo, de los que se dicen monstruo, y no por casualidad. Porque cada tarde tuvo su propia historia. La Feria arrancó con la llamada “corrida de los toreros manchegos”, un cartel cargado de emoción local con Aníbal Ruiz, Luis Miguel Vázquez, Fernando Tendero y Emilio Huertas, todos a hombros junto al ganadero de Los Chospes. La imagen de los cuatro toreros de la tierra saliendo por la Puerta Grande fue una estampa histórica que aún hoy emociona a muchos aficionados.

Pero el clímax llegaría un día después, el 18 de agosto, cuando las figuras del toreo —Enrique Ponce, El Juli, Miguel Ángel Perera y Alejandro Talavante— ofrecieron una tarde para enmarcar. El Juli indultó a “Golfo”, un toro de Torrealta que tuvo bravura de las que se cuentan, y con ese gesto selló una faena de las que quedan grabadas en la retina. Ponce, por su parte, mostró una vez más su maestría eterna, cortando dos orejas y saliendo también por la Puerta Grande. Fue una jornada triunfal, de las que justifican toda una Feria.

Y aún quedaba el broche de oro. El 19 de agosto, José Padilla, Iván Fandiño y Daniel Luque cerraron el ciclo con otra tarde redonda. Los tres convencieron al público manchego y salieron por la Puerta Grande

Hoy, cuando nombramos a Fandiño, la emoción vuelve. Porque el destino quiso que encontrara la muerte en un quite, fiel a su concepto del toreo, ese que no entendía de medias tintas. Su recuerdo sigue vivo en tardes como aquella de Ciudad Real, donde el valor se hizo arte y el arte, leyenda.

La Feria de 2014 fue, en definitiva, un canto al triunfo y a la pasión por el toreo. Tres tardes consecutivas de Puertas Grandes, de emoción sincera y de público entregado. Ciudad Real fue entonces lo que todo buen aficionado sueña: una plaza encendida por la verdad de la tauromaquia.