Corrida de toros. Toros de Daniel Ruiz para El Juli, Manzanares, Roca Rey.
Corrida de rejones. Toros de Passanha para Andy Cartagena, Leonardo Hernández, Ana Rita.
Corrida de toros. Toros de Torreherberos para Anibal Ruiz, El Fandi, Sebastián Castella.
A veces, las sustituciones taurinas acaban convirtiéndose en acontecimientos que dejan huella. Así ocurrió aquel 18 de agosto de 2019 en la Plaza de Toros de Ciudad Real, durante la tercera de la Feria de la Virgen del Prado, cuando Daniel Luque tomó el relevo de El Fandi y transformó una tarde rutinaria en un auténtico acontecimiento.
La plaza registró media entrada para ver un cartel en el que figuraban Aníbal Ruiz, Sébastien Castella y el torero de Gerena, que acabó siendo el nombre propio del festejo. Se lidiaron toros de Torrealta y Torrehebreros, desiguales de juego, algunos justos de fuerza, otros algo más reservones, pero con ese punto de exigencia que separa a los buenos toreros de los grandes.
Y ahí estuvo Luque, grande y sereno, dueño del pulso y del tiempo. A su primero lo cuidó como si fuera un tesoro frágil, midiendo cada toque, cada cite, cada muletazo. El toro, de fuerza escasa, apenas permitía el lucimiento, pero el temple y el sentido del ritmo del sevillano encendieron los tendidos. Toreó con mimo, con hondura, con esa naturalidad que sólo brota cuando hay madurez y confianza. Tras una gran estocada, el público, rendido, pidió con fuerza las dos orejas que el palco no dudó en concederle.
Con el sexto, un jabonerillo complicado y sin entrega, la historia fue otra. El toro no quiso pelea, soltando tornillazos y midiendo siempre. Luque, firme y paciente, trató de sacar lo que no había, dejando momentos sueltos de valor y oficio. Lo mató de una estocada entera y saludó una ovación que reconocía su esfuerzo y su categoría.
Por su parte, Aníbal Ruiz —torero de la tierra— dejó su sello con una oreja en su primero, mientras Castella, intermitente, fue silenciado y ovacionado.
En resumen, aquella tarde en Ciudad Real éxito rotundo: Daniel Luque. Su actuación, más allá de los trofeos, fue una lección de toreo sensato y puro, la confirmación de que no siempre hay que venir anunciado para acabar siendo el protagonista.
Imágenes: Maxitoro; Servitoro
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